Conversación 1

-¡Gracias por acordarte, Juan!

-De nada, mujer, de nada, me es fácil acordarme de tu cumpleaños porque es justo el día antes del mío…

-Bueno, pero fuiste el único que se acordó, aparte de mi familia…

-Será que pienso mucho en ti…

Un súbito bostezo rompe de pronto la armonía de su bello rostro. Sonrío. Ella parece algo azorada.

-¿Qué, cansada? ¿Lo celebraste como se merecía?

Ríe suavemente, iluminándose su piel nívea, y se atusa, coqueta, los rizos de su melena azabache.

-Que va, que va… Es que mi marido ha marchado temprano de viaje, tuve que acompañarle al aeropuerto, ¡y nos levantamos a las cuatro de la madrugada!

-Entonces… ¿Tu marido vuelve a estar de viaje?

Algo en mi voz ha cambiado. Algo en su mirada también.

-Sí. ¿Por…?

Escopiniana pura. Cómo le gusta el juego. Casi tanto como a mí. Pero no seré yo quien se lo proponga, sino ella quien se muestre disponible, si es que lo está.

-Por nada, por nada…

Como con descuido, deja caer su mano izquierda sobre mi mano derecha.

-¿Es que te gustaría quedar conmigo?

A diálogos a la gallega me vas a ganar tú a mí…

-¿Y si así fuera?

Su lengua de gata recorre a cámara lenta el perfil de su boca. O tiene los labios realmente secos o su concepto de lo sexy lo ha aprendido en películas porno realmente baratas.

-Bueno, podríamos quedar alguna tarde…

Ya está. Ya mordiste el anzuelo. Ya gané la apuesta conmigo mismo. Es todo lo que quería.

-No creo que eso pudiera ser, Marisabella…

Ahora parece verdaderamente confundida

-¿No? ¿Por qué no?

-Porque por las tardes tienes a tus hijas contigo, y justo esta semana no puedes dejarlas con nadie porque tu madre está con tu padre en el hospital. Además, es muy arriesgado que vaya a verte a tu pueblo y sé que no querrás venir sola a Barcelona.

Se queda boquiabierta. Seguro que piensa que sé de su vida más que ella misma. Pero no es verdad, toda esa información me la ha facilitado ella en diversas conversaciones. Solo es fijarse, poner atención, y ordenar datos.

Conversación 2

El bar está lleno de gente. Marta es el centro de atención. Vestida de punta en blanco, describe con todo lujo de detalles el local de speed dating donde va a ir después, el ambiente, la parroquia, las risas, los ligues… Anima a todas a ir con ella algún día, y las demás, en general más conservadoras, la miran embelesadas.

Concha está algo apartada. Ya ha cumplido la cincuentena, pero se conserva de maravilla. Alta, delgada, bruna y de rostro anguloso. Yo la considero guapa. Ella no comparte mi opinión.

-¿Qué, Concha, no te interesa el Speedy dating?

Ríe francamente

-Eso para los jóvenes, yo ya estoy para sopitas y buen vino…

-Bueno, bueno, no será para tanto. Lo que pasa es que claro, trabajando con tu marido, no es plan de irse de fiesta al salir…

Hace un gesto despectivo con ambas manos, un gesto a medias entre el enfado y el fastidio.

-Eso da igual

-¿El qué?

Me mira con ojos cansados, tristes y profundos

-Lo que él piense, la verdad, me la trae al fresco

Y se envuelve en un silencio que es como una coraza. Y no quiero preguntar más ni decir nada, aunque hay una pregunta obvia a la que tengo claro que ella respondería que sí. Pero yo también permanezco callado, mientras bebo lentamente mi café con hielo.

Conversación 3

Curso de Liderazgo. Insoportable y plúmbeo discurso de la formadora sobre el valor del conocimiento mutuo a la hora de evaluar caracteres para que nos permita esa evaluación alcanzar un óptimo nivel de comunicación con el resto de miembros del equipo. Todos la miramos hastiados, deseando que llegue la hora de salir de allí. Ella, dándose cuenta, trata de romper el marasmo, y se gira de improviso, apuntando al que tiene más a mano (O sea, a mí) con un dedo que parece un arma

-A ver, tú mismo, dime todo lo que sepas de la persona que tienes al lado…

La persona que tengo al lado es la Dra. Oh-la-la, recién ascendida a un puesto para el que no vale, cosa que demuestra en cada decisión equivocada que toma. La definiría como creída y prepotente, tanto como lerda y narcisista. Pero mejor no digo todo esto, ¿verdad?

-Pues… es la Dra. D…, es francesa de origen, casada con un español, pero lleva ya viviendo muchos años aquí… Acaba de ser ascendida a responsable de…

La psicóloga da un golpe sobre la mesa que despierta a todos los amodorrados alumnos.

-¡No! ¡Me estás leyendo su currículum! No te pido que me cuentes su vida, sino cómo es ella, algo que denote que la conoces, ¿Es que no la conoces?

Me cabreo

-Pues mira, bíblicamente, no.

Noto como la Dra. Oh-la-la suelta un respingo a mi lado. Todos me miran con ojos desorbitados. La psicóloga sonríe maliciosamente.

-¿Y te gustaría?

De perdidos, al río. Miro con descaro a la Dra., totalmente ruborizada, y luego vuelvo a mirar fijamente a la formadora.

-Sería interesante, sin duda…

La formadora, hábilmente, deja la cosa ahí, cambia de tercio, y se dirige con otra pregunta cortante a quien se sienta delante de mí en la gran mesa elíptica.

Al finalizar la sesión, mientras bajo descuidadamente las escaleras, oigo una voz femenina con cierto dulzón acento francés en mi oído.

-Cuando quieras decirme algo, ya sabes donde encontrarme…