Ayer, al fin, cumplí cuarenta años. No, por favor, sin dramatismos. Aunque parece que haya habido alguna duda al respecto, os aseguro que ni estoy en crisis ni pienso estarlo a corto plazo, por más arriesgado que sea asegurar esto. Me siento bien conmigo mismo, he logrado no sin esfuerzo aceptarme tal y como soy, aceptar lo poco bueno y sobre todo lo mucho malo de mi carácter. Sé que hay bastantes cosas que mejorar, y no dejaré de intentarlo. También sé que el autoconocimiento es la base, y eso ya lo tengo. Mi vida no es de color de rosa ni espero que vaya a serlo, pero tampoco es mala. Disfruto cotidianamente de cosas que para otros son solo sueños. Una casa, un trabajo fijo, un buen sueldo y un amor correspondido. No tengo derecho a quejarme.

Como regalo de aniversario (Y que realmente me ha hecho especial ilusión), La Coctelera me ha devuelto mi blog perdido. Ya puede verse entero, ya puedo entrar sin problemas y publicar sin novedad. Eso sí, los artículos anteriores, publicados desde marzo, se han perdido, todos menos los cinco que acabo de re-publicar, y que habían quedado guardados como borrador no sé bien por qué, pues no trabajo con borradores: Escribo cada artículo en Word y después lo copio en el espacio para texto de “artículo nuevo”. En todo caso, estos cinco se han salvado del naufragio y solo por eso ya merecen volver a publicarse.

Desde ahora, volveré a adoptar la personalidad de Bérnicus, y a escribir en este blog, rebautizado como “Cuarentaypico”, que ahora que ya soy cuarentón intentaré contaros mi viaje recién iniciado a través de esa década aún desconocida. Con un año más a cuestas, sigo siendo el mismo, y, por muchas razones, me siento más a gusto en la piel de Bérnicus que en la de Nihilus, esa máscara que adopté un tanto a la desesperada. Sin embargo, no borraré el otro blog, esos tres artículos de la serie Desmemorias publicados allí me los he arrancado de las entrañas, y aunque curiosamente sean los únicos de quien alguien haya dudado sobre su veracidad, son parte de mi yo más profundo, de las vivencias que más me han marcado y más duraderas secuelas me han producido. Tal vez deje aquel blog precisamente para eso, para almacén de recuerdos incómodos. Quién sabe. De momento, solo deciros que el desaparecido Bérnicus vuelve a estar por aquí.