La historia no es nueva, pero un boletín sindical atrasado me la ha recordado, y me viene al pelo en estos tiempos de crisis y grandes (y falsas!) declaraciones de intenciones sobre austeridad, control y reducción del gasto público para ejemplificar cómo se dilapidan los recursos del Estado, cómo de manera inexplicablemente negligente se malgasta en tonterías lo que no se puede gastar en necesidades. Que según vengo observando, y creo cada día con mayor seguridad, el problema de la calamitosa administración de los asuntos públicos no es en la mayoría de los casos cuestión de las ideas políticas de quien los administra, sino de sus carencias e incapacidades como gestor. No es problema la mayoría de las veces de políticas mal dirigidas, sino de gestión mal realizada.

En Mayo de 2.004 la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores en la madrileña calle Marqués de Salamanca tuvo que ser desalojada por una contaminación con naftaleno (Nota Mental: Tratar de averiguar cómo narices puede contaminarse con naftaleno un edificio público teóricamente bien conservado y mantenido…) Se debía buscar una sede provisional mientras duraba el proceso de descontaminación, con idea de volver a ocupar el edificio al término del proceso. La sede provisional elegida fueron las Torres Ágora, en la calle Serrano Galvache (Véase foto adjunta), un conjunto de dos edificios de catorce plantas cada uno, que se alquilaron al módico precio de 620.000 € mensuales, o sea, 7.400.000 € anuales. Desde su instalación allí, el Ministerio lleva gastados 33 millones (Lo pongo en cifras, que impresiona más: 33.000.000 €) en alquileres.

Lo mejor de todo es que la descontaminación de la vieja sede de Marqués de Salamanca acabó hace ya mucho tiempo, pero los jerarcas del Ministerio decidieron así sin más no volver a ella. En su lugar, edificarán desde los cimientos una nueva (y carísima) sede en la calle Raimundo Fernández Valverde. Aparte del costo de las obras, que la verdad, desconozco, porque no tengo los datos, no está previsto que el edificio pueda estar terminado antes de cuatro años, durante los cuales seguirán pagando esa bestialidad de alquiler (Así grosso modo la broma costará entre 30 y 35 millones más), teniendo la sede antigua totalmente vacía y disponible.

Los sindicatos de funcionarios ya no saben como ponerse. Han calificado la decisión de absurdo despilfarro, y han explicado que además de lo antieconómico de la medida, es también poco práctica, pues las dichosas Torres Ágora están alejadas del centro, mal comunicadas, y son poco representativas. Exigen, aunque nadie haga caso a sus exigencias, que el Ministerio se instale de nuevo en la abandonada sede de Marqués de Salamanca mientras duran las obras de la nueva sede. ¡Así al menos se ahorrarían cuatro años de alquiler! Pero no, el Ministerio erre que erre… Da miedo pensar que éstos gestores incompetentes y derrochadores son los encargados entre otras cosas de dar la imagen de España en el mundo…