A veces me sorprende que sigas a mi lado
el 3 nov En: juntos - 2 comentarios
Sí, a veces me pasa. A pesar de los ya casi ocho años juntos, y a pesar de todos los pesares. A pesar de todas las desgracias que hemos asumido, todas las pruebas que hemos aprobado y todos los obstáculos que hemos superado, aún a veces me resulta increíble que una mujer como tú esté a mi lado, ahí en mi sofá, con las piernas en mi regazo y la cabeza apoyada en un cojín, mirando la tele a mi lado un domingo por la noche. Aún, algunas veces, me despierto repentinamente en la madrugada, que ya sabes que tengo el sueño muy ligero, y me sorprende encontrarme tus rizos desparramados sobre la almohada, y me quedo asombrado de que tu cuerpo desnudo de turgentes formas esté ahí junto al mío, apenas cubierto por la fina sábana.
No, no me malinterpretes. Son esos momentos, esos en los que estás a mi lado, los únicos que realmente valen la pena, los únicos en los que he llegado a sentir algo levemente parecido a lo que llaman felicidad. Del resto de mi vida más vale no hablar, todo es guerra, cuando no directamente catástrofe. No importa, tranquila, no pasa nada, lo sabes, ya nos conocemos bien. Estoy acostumbrado a sentirme en guerra con todo lo que me rodea, esa guerra que no empecé pero que voy a tener que terminar. La soledad y la tristeza son viejas compañeras, no te diré que amigas, no, que no se puede ser amigo suyo y seguir viviendo como si nada, pero sí compañeras con las que he compartido muchos días y semanas, y que por tanto ni me asustan ni me disgustan cuando se presentan en mi puerta. Las tolero, como se tolera a ese amigo borrachín y pesadete que sabes que acabará tirado por el suelo en la próxima quedada como en todas las anteriores, y que asumes que tendrás que llevar a su casa porque no podrá conducir. Y sí, ya resulta cargante y aburrido tener que hacerlo una vez más, pero en fin, él es así y no cambiará, y solo te queda olvidarle o soportarle, y está claro que la decisión ya está tomada a su favor.
Solo cuando estoy contigo, en esos momentos que compartimos y que casi tenemos que robar al cúmulo de obligaciones laborales, familiares y de todo orden que ambos cargamos a cuestas, solo entonces sé que ni la soledad ni la tristeza harán acto de presencia. Ni ellas ni sus primas la nostalgia, la melancolía y la desesperación. Ninguna de ellas. Tu sola presencia las espanta. Solo a tu lado, me siento tal como soy, libre de tapujos, convencionalismos y disimulos. A veces creo que solo tú me conoces realmente.
Y es precisamente por eso, porque tú me has visto como nadie más me ha visto, porque tú sabes esas cosas de mí que uno no pondría en su perfil de Facebook, y a pesar de todo sigues ahí, y me quieres, que me sorprende que no te vayas. Que me admira que puedas quererme. Quererte a ti, mi amor, no tiene mérito, pues tú eres no diré que perfecta, pero sí buena por dentro y por fuera, como no he conocido otra igual. Quererme a mí en cambio debe ser un trabajo difícil, tal vez en según que ocasiones sucio. Alguien tenía que hacerlo, dirá el gracioso de turno, claro, pero no tú, querida Stigia, no tú que naciste para santa, y vives con un demonio. Yo te agradezco tu amor, que ha sido para mí una bendición del cielo. Pero sinceramente, a veces, me sorprende que sigas a mi lado…

No seras tan malo como te pintas. :-)
Quizás eres un ángel disfrazado de demonio y ella ha sabido ver a través del disfraz y la máscara.
Madame Rosa